¿Quién quiere la guerra?
Algunas veces causa asombro, perplejidad y, por qué no decirlo, miedo, la facilidad con la cual, desde el gobierno, se habla de querer enfrentarnos a una guerra. ¿Todos los que apoyan al presidente Hugo Chávez comulgan con la idea de un enfrentamiento bélico, con la amenaza o con la falta de visión de país que expresa en sus discursos públicos? Creo que no. Seguramente es simplemente una estrategia populista para seguir manteniendo el espíritu revolucionario en una sociedad que se debate entre su futuro y las ideas de una izquierda-socialista del pasado (por cierto, muy alejado de la izquierda democrática actual). Pero también es pertinente pensar que los líderes del chavismo son personas que liderizaron un golpe de Estado y mataron a decenas de personas; líderes que no han dudado en dar órdenes a la Fuerza Armada para que se enfrente a sus compatriotas y que negocian acuerdos de compras de armamentos a pesar de la pobreza de nuestra nación. Han ofrecido un disfraz de gobierno democrático a los excluidos a falta de una proyecto de país que surja de la oposición democrática.
En este año hay un reto para los venezolanos que consideran factible un sistema de gobierno más democrático y coherente. En general esa sensación de cambio está presente en la sociedad venezolana, y ha demostrado con esfuerzo y sangre (no perdamos la memoria de los venezolanos asesinados), que desea un cambio de rumbo en el marco de la Constitución. En los sectores populares hay un espíritu de participación y de cambio, pero oculto por razones evidentes. Falta todavía por verse el compromiso de los líderes políticos en proponer una alternativa de gobierno que sea lo suficientemente consistente para cautivar de esperanza al país.
En definitiva es muy poco lo que se le pide a un gobierno democrático. Salud, educación, seguridad y libertad. Hay otras realidades que podrán solucionarse con el tiempo, pero no podemos pensar en un desarrollo si nuestra gente muere en los hospitales, en la calle y en sus casas. El juego de la "ruleta rusa" es un costo muy alto para los ciudadanos que esperamos ver crecer un país distinto, sin odios, sin promesas absurdas y sin venganzas. El presidente Hugo Chávez llegó democráticamente al poder y por esa misma vía tendría que dejar la presidencia, sin que esto quiera decir dejar de representar al sector de la población que confía en su proyecto de gobierno. No obstante es necesario escuchar los nombres que puedan conformar un solo equipo de gobierno. El futuro de Venezuela no está en las manos de un solo individuo, sino de todos. La mayoría de la sociedad venezolana pareciera seguir esperando una sola alternativa, con un proyecto de país, con un espíritu democrático y con una visión de futuro.
Por: Víctor Manuel Pérez Martínez
Ver artículo en: Correo del Caroni.
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